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ejercicio físico

Tras varias semanas confinados en nuestras viviendas, tratando de encontrar nuevas maneras de aumentar nuestro drásticamente reducido gasto calórico, ha llegado el momento de retomar nuestra rutina de ejercicio físico.

Con el principal objetivo de mantener el rendimiento deportivo y garantizar un óptimo estado de salud, hablaremos sobre conceptos generales que relacionan la nutrición, el ejercio físico y el objetivo de mejorar nuestra composición corporal.

Pilares básicos de una correcta pauta nutricional

La base fundamental de cualquier pauta nutricional, individualizada para cada persona e independientemente del objetivo a alcanzar, es que garantice la adherencia del sujeto a la misma, es decir, que se adapte a sus preferencias, estilo de vida y le permita cumplirla fácilmente.

Teniendo en cuenta la pérdida de grasa como objetivo, es imprescindible crear un déficit calórico. La ingesta calórica debe ser menor que los requerimientos creados por el metabolismo basal, las actividades diarias de la persona y el ejercicio físico realizado. La correcta estimación del gasto calórico es fundamental en este paso.

El correcto reparto de los macronutrientes (proteínas, hidratos de carbono y grasas) cobra gran importancia cuando se busca garantizar el rendimiento en los sucesivos entrenamientos y perder grasa con el paso de las semanas. Del mismo modo, con estos objetivos presentes, hay que asegurar el aporte de vitaminas y minerales en la dieta.

Es importante tener en cuenta otras variables como la frecuencia y distribución de las comidas, especialmente alrededor de los entrenamientos.

Ejercicio físico en la pérdida de grasa

Una dieta hipocalórica es esencial para garantizar la pérdida de grasa pero es un factor que predispone a la pérdida de masa muscular, un hecho que hay que tratar de evitar.

Junto con una correcta pauta nutricional que cubra los requerimientos nutricionales es necesario realizar ejercicio físico regularmente. El ejercicio cardiovascular nos ayudará, entre otros beneficios, a aumentar nuestro gasto calórico y permitir crear el déficit calórico con un mayor aporte de calorías en la dieta.

No obstante, el ejercicio de fuerza debe ser la base del entrenamiento en este proceso por los beneficios que genera. Destacaremos, entre la gran cantidad de ellos, el aumento de la cantidad y calidad muscular, la mejora de la sensibilidad a la insulina, la mejora del perfil lipídico, la reducción de la grasa visceral y la mejora de la densidad ósea.

Es necesario en primer lugar tener en cuenta qué objetivo estamos tratando de alcanzar, y con la ayuda de profesionales, enfocar eficientemente nuestra alimentación y nuestro entrenamiento a este objetivo.

Pablo Checa

Asesor Nutricionista en Grupo NC Salud.

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